Sarai Domínguez no es una ganadera al uso. No le viene de familia, aunque dicen que su bisabuela tenía algunos animales. Tampoco es que naciera y se criara junto a una granja que le despertara la pasión por el campo desde temprana edad. Al contrario, vivía posiblemente en el único municipio de la Isla Bonita que no tiene ganado, Tazacorte. Lo de Sarai se podría catalogar como el súmmum de la curiosidad, en el sentido literal de la palabra, una especie de hazaña épica.

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