Una herramienta útil para gestionar la pica

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº32. Ver revista completa

Uno de los temas relacionados con el cultivo del plátano que más controversia levanta es, sin duda, la pica. Y ocurre así porque la primera imagen que sugiere la idea de “tirar alimentos” es de rechazo frontal, más aún en época de vacas flacas. En ocasiones se convierte más en una cuestión moral que en un problema económico.

Algunos de los que hacen juicios olvidan que el mecanismo de retirada de productos agrícolas del mercado existe en numerosos cultivos, y está aceptado cuando el exceso de producción hortofrutícola provoca el hundimiento de precios hasta niveles que comprometen la rentabilidad del agricultor. La misma Unión Europea establece ayudas compensatorias a la retirada fijando una compensación cuando existe un sobrante, bien por cuestiones climatológicas, bien por la competencia de terceros países o por causas extraordinarias como el veto de Rusia a la importación de productos europeos. Por ejemplo, un agricultor de tomate andaluz recibe 0,27 euros por kilo si destina su producción a un comedor social, y entre 0,13 y 0,09 euros por kilo si se envía a alimentación animal o vertedero en función de que esté o no integrado en una OPFH. Otros productos reciben también ayuda: el pimiento, el pepino y cítricos como la naranja, la mandarina y la clementina, afectados todos ellos por el veto ruso. En el plátano, la fruta retirada la paga el propio agricultor mediante la aportación a un “fondo de comercialización”. En Andalucía, el debate sobre si es necesaria o no la retirada de fruta parece estar superado. La lucha, en su caso, se centra en subir el importe de la ayuda por retirada y en la inclusión de productos no contemplados, como el calabacín o la berenjena.

Hay que recordar también que, a diferencia de otros sectores, las producciones hortofrutícolas vienen condicionadas en gran medida por la climatología, y esta no entiende de economía. La naturaleza es sabia, pero no tanto.

Al contrario de lo que ocurre con productos como el aceite, el plátano es muy perecedero y no puede almacenarse para regular los mercados, sacarlos a la venta en época de escasez o retener en cámaras en semanas de excesiva producción. Eso contribuye a explicar la elevada volatilidad de los precios.

Otro debate sería el destino de la fruta inutilizada. En el caso del plátano de Canarias en 2015, unos 4 millones de kilos fueron enviados al Banco de Alimentos, asumiendo el agricultor los costes de logística. El resto, ese año hasta los 11 millones, se utilizan en gran medida para la alimentación animal, se procesan para generar compost, mientras otra parte se va al vertedero.

Varios han sido los intentos de utilizar los desechos y el sobrante en la fabricación de derivados como compotas o deshidratados. El más señalado es el proyecto de la fábrica del “Frutín”, en La Palma, nunca puesto en marcha a pesar de las inversiones realizadas y del que poco o nada se sabe por el momento.

Dicho de otra manera, o se ajustan las cantidades a la venta en el mercado, o el agricultor no solamente trabaja gratis, sino que paga por trabajar. Habría que preguntarle a los que sin más matices rechazan la pica si estarían dispuestos a trabajar no ya sin cobrar, sino pagando por hacerlo. No es, por tanto, tan simple el asunto como pudiera parecer a primera vista.

Decidir cuándo y cuánto “picar”.
No pretende el que esto escribe hacer una defensa de la pica, sin más. Es un mecanismo que debe ser utilizado como último recurso tras agotar la vía de la retención de fruta en campo. Y siempre tras un análisis exhaustivo de las circunstancias del mercado.

Reducir o incluso evitar la pica requeriría conocer con suficiente antelación las producciones previstas. Para ello, se necesitarían conocer con datos fiables las piñas nacidas en las fincas.Y con ese dato, aplicar un método de predicción de cosecha que nos aporte una aproximación a los cortes previstos con tiempo suficiente para organizar los envíos. En nuestra empresa ya aplicamos un método de predicción y podemos asegurar que funciona. La dificultad vendría, para el caso de la producción canaria, en la exactitud de los datos de piñas nacidas cada quincena.

En este punto, hay que señalar que, a día de hoy, no se han planteado más alternativas que la reducción de la oferta para mejorar los ingresos al agricultor en época de sobreproducción. Nadie como el cosechero sabe lo que cuesta cultivar, a nadie como a él le duele retirar la fruta del mercado.

Decidir cuándo y qué cantidad de fruta se pica para conseguir los mejores resultados es una cuestión complicada. Es el Comité de Comercialización de Asprocan quien toma la difícil decisión, en base a las marcas dadas, la situación de los mercados y la información disponible en las cámaras de maduración. Es posible que la cantidad que se decide retirar no sea la óptima, bien porque sea insuficiente para recuperar los precios o por ser excesiva y, aunque el precio mejorase, podría haberse obtenido similar resultado con menos cantidad de fruta retirada.

Para intentar reducir esa incertidumbre, un equipo de la Universidad de La Laguna se planteó en 2012 trabajar conjuntamente para elaborar una herramienta analítica que ayudaría a la toma de decisiones. El modelo pretendía establecer cuál es el volumen óptimo de exportación con el fin de maximizar el beneficio de los agricultores plataneros. Como resultado de su trabajo surgió un artículo publicado en la prestigiosa revista “Economía Agraria y Recursos Naturales” en 2013 (Vol.13, 2). El artículo, titulado Exportaciones de plátano canario: ¿Son racionales las decisiones de pica? es un excelente trabajo de José Juan Cáceres, Gloria Martín Rodríguez, José Ignacio González y Juan Nuez Yánez, financiado por la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información. Puede consultarse en (http://aeea.webs.upv.es/aeea /ficheros/Revistas/EARN13(2)/Cap4.pdf)

Los autores se adelantan al escéptico que proclama que “no es tan fácil pronosticar los precios”. Y ya desde la introducción afirman que “los volúmenes óptimos deducidos deben interpretarse con la necesaria cautela por las limitaciones en la información estadística”. Pero, sin duda, como se afirma a continuación “son una ayuda que podría guiar la toma de decisiones”.

Como primer paso se analizan cuáles son las variables que más influyen en el precio del plátano, y, de entre todas ellas, se eligen finalmente las más relevantes. Lógicamente, lo que más incide en el precio del plátano en el mercado mayorista en una semana determinada es la cantidad de plátano enviada dos semanas antes, pero también la cantidad de banana enviada una semana antes y el precio del propio plátano la semana previa.

Como resultado del estudio se ofrece una modelo de predicción que será más exacto cuánto más información se tenga. El propio artículo admite las limitaciones del modelo por la cantidad de circunstancias que inciden sobre la demanda, como las temperaturas en la península o la existencia de producciones sustitutivas como es el caso de otras frutas de temporada. Asimismo acepta que, en determinadas ocasiones, puede haber un interés estratégico al decidir qué cantidad se envía al mercado, pesando menos el precio a corto plazo que el que “la situación a largo plazo en términos de garantizar la posición del mercado frente a la banana”, es decir, bajo ciertas circunstancias in- teresa no perder cuota frente a la banana aún mediante una reducción del precio.

El artículo, con las salvedades anteriormente señaladas, ofrece “una primera aproximación a un problema complejo” que, con las convenientes actualizaciones, debería servir de apoyo a quien le corresponde tomar decisiones que siempre son difíciles de explicar y de las que dependen millones de euros.

Ginés de Haro Brito
Ingeniero Agrónomo

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