Tijarafe: agua y compromiso

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº35. Ver revista completa

Estos días nos ha dejado un amigo, Cecilio García Lorenzo, hombre comprometido con el campo y sus moradores, preocupado con los problemas del agua y la agricultura, hijo de la generación que sembró y plantó los mayores cambios en la áspera piel del noroeste palmero. Su padre fue de los pioneros en la primera galería de la zona, El Caboco, que alumbró aguas en el año 1958.

Tijarafe había sido uno de los municipios peor dotados por la naturaleza en La Palma ya que no disponía de un solo manantial, siendo el aljibe la única referencia del líquido elemento: solo buscaban agua al pie de los acantilados costeros cuando la marea lo permitía. Tijarafe era una isla en el interior de La Palma, separada por una cordillera tanto hacia el Valle de Aridane (El Time, Lomo de las Barreras, Camachos, Pico Palmero) como por el norte (Barranco Garome), situándose al oeste un gran acantilado costero. Por otra parte, la humedad del alisio llegaba tangencialmente, por ello la orfandad del agua fue determinante en la historia de dicha localidad con cultivos de secano: cebada, lentejas, higueras, almendros, pastos, pinos afectados o escamoteados.

Don Francisco García Brito y la galería El Caboco fue una referencia de cambio de ciclo en el año 1958, como la llegada de la luz que aportó otro hito en la vida de la comarca. Cecilio crece en una familia que pugna por el agua y la agricultura, en galerías, canales (como el de Minaderos), Pozo y Cooperativa de la Prosperidad; lucha para realizar las obras más importantes de la historia del municipio. El Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA), préstamos e hipotecas sirvieron para realizar importantes obras hidráulicas, caso del Pozo de la Prosperidad o el canal de Minaderos, desde Garafía al Valle de Aridane, con personas como D.Cándido Eloy García Brito en el pozo y la cooperativa, D. Antonio González Yanes en Minaderos y también su padre en la galería El Caboco.

Cecilio vivió una época heroica para pasar del Tijarafe de la pobreza y miseria que describe Carballo Wangüemer en el siglo XIX, al emporio de riqueza actual. Cecilio compartió un compromiso con la tierra y sus gentes; supo relacionar la enseñanza con la problemática del mundo rural, dignificando el campo y la naturaleza, participando en la gestión de comunidades de aguas (Pozos del Noroeste y otras) o cooperativas agrícolas, comprometiendo su tiempo también en la agricultura, en una finca familiar, con gran preocupación por lo público, por la buena gestión, de tal manera que este verano habíamos tratado las obras de desdoblamiento de la canalización del noroeste de la isla, desde la Laguna de Barlovento hasta la Cueva del Indio, en Garafía, donde planteó que la nueva propuesta de tubería que se pretendía instalar era desproporcionada, para un supuesto “Ebro”, ya que su capacidad de transporte superaba en demasía a los caudales existentes en dicha comarca.

Entendemos que Cecilio fue una referencia de compromiso con la tierra y la gente, con sus problemas, buscando posibles alternativas, implicado con lo social, tema hoy básico en una comunidad en la que el debate colectivo deja muchas lagunas, en un individualismo que nos separa y empobrece; miramos hacia fuera esperando que las recetas del exterior curen todos nuestros males.

Fotografia de Montse Santos

Cecilio fue un maestro, un campesino involucrado con la realidad que le rodeaba; las obras mencionadas anteriormente son básicas en la historia y bienestar de una amplia comarca palmera, como muchas otras que han cambiado la sociedad isleña y hoy están ignoradas por un pueblo que ordeña el whatsapp varias veces al día.

El mundo rural, la cultura del esfuerzo y el compromiso con los problemas de nuestra tierra y del medioambiente, así como la noción del ayer y su proyección como vía para el mañana, nos debe guiar por un conocimiento del entorno para entender el mundo. Hemos de valorarlo pequeño, lo próximo, lo nuestro, todo lo contrario de lo que hacemos aquí y ahora.

Cecilio fue un maestro que no separó la escuela del medio, compartiendo la cultura familiar del campo y el agua con su modelo de vida. Hoy estamos necesitados de acercar la escuela a la naturaleza, al territorio que pisamos, pues corremos el serio riesgo de alejarnos del pequeño mundo en que nos desenvolvemos sumidos en la ola de un tsunami que nos envuelve, globaliza y empobrece, marginando la sociedad que creó rinconestan ricos como ese espacio que amaron y cuidaron Cecilio, D. Francisco, D. Cándido, D. Antonio y otros, no solo entre El Time y el Barranco Garome, sino sobre todo un compromiso con el campo y sus gentes.

Sean estas líneas de cariño y respeto hacia un luchador por una tierra más solidaria.

Wladimiro Rodríguez Brito.
Dr. en Geografía.
wladimirorodriguezbrito.blogspot.com.es

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