Profesional no es solo un título

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº35. Ver revista completa

Desde que naces son muchos los calificativos que puedes oír sobre ti. Cuando tu madre te lleva en el carrito, lo más normal es que las vecinas y amigas alaben lo guapo que eres y lo mucho que te pareces a tu padre. A medida que creces, empezarás a escuchar otro tipo de comentarios sobre tu persona y, ya de adulto, tendrás que manejarte en la selva diaria de unos que te halagan más de lo normal -los menos- y otros que te critican sin piedad.

Si eso le ocurre a cada ser humano, similar pasa con cada colectivo. Por ejemplo, el agrario, el de los agricultores y ganaderos. Tan pronto les pasan la mano por el lomo diciendo que son los mejores y víctimas de todas las circunstancias, como los ponen a caer de un burro opinando que son unos vagos, “cazaprimas“ y que solo trabajan para recibir“subvenciones”, cuando la mayoría de las veces, por no decir todas, son ”compensaciones”, como es el caso de Canarias, que por ser región ultraperiférica, el objetivo de esta denominación, no es otro que situar nuestros productos en igualdad de condiciones con las producciones peninsulares y, a partir de Cádiz, a competir por calidad, precios, etc., puesla distancia entre Canarias y la península así como con el resto de la Unión Europea nos la tienen que compensar, para poder posicionarnos en el mercado de forma igualitaria. Si es verdad, que dentro de un sector tan diverso y que tanto ha avanzado en los últimos años, no es fácil comparar a unos con otros.

Como punto de partida, creo que hay una clara diferencia entre los agricultores profesionales que se dedican exclusivamente a esto, y aquellas personas que tienen en el agro un complemento de su renta o, incluso, están jubilados y siguen subidas al tractor. Cuando tu trabajo y patrimonio dependen al cien por cien del campo, tu compromiso es lógicamente mayor.

Pero la profesionalidad es un título que no puede concederse ni por la Consejería de Agricultura, ni por el Ministerio, ni por el mismísimo Comisario de Agricultura y Desarrollo Rural de la UE. Cierto es que aquel que llega hoy a este sector, lo hace tras completar un curso de incorporación que enriquece su formación y capacitación para tomar las riendas de su explotación; también que la normativa marca los porcentajes mínimos -bajos, eso sí- para constar como “agricultor activo”. Pero ser profesional de esto es una carrera de fondo que requiere tiempo, trabajo y cualidades que no aparecen en el boletín oficial.

Una de ellas, y puede que la principal, es ser buena persona. Alguno dirá todo lo contrario, que aquí el que no roba es porque no puede. Ser un caradura funciona a corto plazo, y es posible que logres engañar y parecer lo que no eres, en una ciudad. Pero en el pueblo no hay lugar para dobleces, todos saben de donde vienes y adonde vas. Un agricultor o ganadero que no cumpla las reglas de convivencia está perdido, porque antes o después habrá tareas o situaciones complicadas que no pueda hacer solo y para las que necesitará la ayuda personal o la maquinaria de otros compañeros.

Otra cualidad necesaria es tener tu propio criterio. Contra lo que proclaman los comerciales de unas casas y otras; el buen profesional no es el que compra todo lo que se le ofrece, por muy bien que lo pinten. Es el que no malgasta e intenta encontrar la proporción justa entre los medios de producción y los resultados, algo muy complicado que solo se va aprendiendo a base de errores. Conocer al milímetro tu explotación, saber qué posibilidades te ofrece el mercado y elegir el camino a seguir, precisa experiencia.

El agricultor más brillante o la explotación mejor montada, puede fracasar si no cuenta con que esto es un proyecto a largo plazo. Si la juventud ha sido impaciente, y en estos tiempos de internet más que nunca, nadie puede pensar en consolidarse como profesional del campo, sin paciencia y resistencia. Llegará un año malo, dos, tres… y tendrá que seguir invirtiendo, abonando y trabajando la tierra. Todo esto hace que la incorporación de los jóvenes al campo sea difícil porque observan fuera de este entorno, en otros sectores, todo lo contrario, incluso han visto a sus padres sufrir la realidad del agro; por ello, el cambio generacional no se está produciendo como todos deseamos y el envejecimiento del sector primario es palpable hoy día. Creo que es una asignatura pendiente y tiene que aprobarse lo antes posible, no admite muchas más convocatorias.

Añado también una cuestión que parece menor, pero no lo es. El año que llueve, lo hace para todos, pero el que las cosas se tuerzan, para sobrevivir dependerá de los ahorros en los costes diarios de las explotaciones agrícolas o ganaderas.

Aunque el valor de estas cualidades ya las conocían nuestros bisabuelos, en estos últimos tiempos tenemos una herramienta más a nuestro alcance que, bien utilizada, presta un buen servicio. Hablo de las nuevas tecnologías, que tanto están cambiando la sociedad, y también el agro. Cada vez quedan menos parcelas fuera del dominio informático y eso, a veces, es fuente de complicaciones burocráticas. Asimismo, ese control nos tiene y debe proporcionar información sobre los pasos que damos en la explotación. Va quedando registro de cada puñado de semillas, de las hectáreas aradas, de lo gastado en gasóleo y, si hay suerte, de lo ganado en la venta. Todos esos datos nos han de hacer más humildes, observando el agricultor o ganadero, donde está fallando y mejorar en lo posible.

Luego llegarán lluvias y sequías, rachas mejores y otras peores, esos factores que no dependen del agricultor. Pero el buen profesional sabe cumplir con el refrán: ”A Dios rogando y con el mazo dando “.

Roberto Goiriz Ojeda
Presidente de ASAJA Las Palmas

 

 

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