La “pica”, esa herramienta que lentamente nos aniquila

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº37. Ver revista completa

Se está criticando duramente a quienes no creemos en esta fórmula de inutilización de nuestros plátanos, pues según estas voces los agentes contrarios a la “pica” están perjudicando al sector, ya que si se hace en el momento adecuado puede amortiguar una caída de precios que es mucho más perjudicial de lo que supone la retirada de fruta del mercado.

Personalmente, no estoy en contra de la “pica”, sí de la forma en que se está haciendo, usándola como único recurso para amortiguar las caídas de precios, y esto es una verdadera aberración, es igual que si un médico utilizara en todos los casos que se le presentan, el exclusivo tratamiento de la amputación del miembro: si tienes un callo, mutilo el dedo; te fracturas el brazo, corto por el hombro.

En realidad esto es lo que está sucediendo en la Comisión de Comercialización de Asprocan, que se reúne el viernes para decidir qué hacer con nuestra fruta el lunes siguiente. En una hora tiene que ser capaz de analizar el mercado y saber cuánta fruta hay que tirar para frenar la caída de precios, sin conocer a ciencia cierta la cuantía a retirar, ¿por qué dos millones y no uno y medio o tal vez tres?, desconociendo realmente si esta retirada nos beneficia o en qué cuantía lo hace.

En definitiva, las decisiones se toman más por intuición que por conocimiento y, la verdad, no deberíamos dejar las cosas que afectan al bolsillo solo a la intuición; preferiría que tuviesen alguna base más sólida. Por otro lado, esta pica se hace de forma lineal, un porcentaje de la fruta de cada agricultor, pudiendo encontrarnos con que haya quien lleve al vertedero categorías extras mientras otros envíen segundas, por lo que este sistema penaliza a los buenos agricultores, invocando siempre la solidaridad mal entendida.

Dicho lo anterior, no vamos a despellejar a la Comisión de Comercialización por ello, pues con las herramientas que le damos bastante hacen, al tener que tomar decisiones en un mercado en continuo cambio basándose en las medias de envíos de años anteriores y poco más. Con estos datos es cierto que no se pueden hacer milagros. Mejor, le cambiamos el nombre por el de Comisión de Amputación, que es lo que se está haciendo, cercenando nuestro propio mercado, poco a poco, en favor de la banana.

¿Cómo se podría tener una Comisión de Comercialización real y eficiente?, es una cuestión compleja, pero hay ciertos asuntos que hemos de hacer, sí o sí y son de base. Dos de ellos: organizar las producciones e implantar un sistema de previsión eficaz. Es insólito que presumiendo de ser del primer mundo, estemos a años luz de lo que está haciendo nuestra competencia bananera y vivamos en un sector donde no se pongan en práctica los conceptos antes aludidos.

Es necesario exigir que las producciones se distribuyan por zonas y se marquen los nacimientos de la fruta. Con estas dos acciones podríamos tener un calendario anual de la fruta en campo y unas previsiones a tres meses vista con cierto fundamento. Esto si permite tomar decisiones sobre la producción y medidas con un tiempo prudencial. Por ejemplo, con tres meses de antelación y la previsión de un volumen importante de fruta, se pueden proponer acciones comerciales a las grandes superficies e incrementar la venta en esas semanas puntuales, también, moderar la subida de precios en las previas a los picos de fruta para agilizar la venta y tener el mercado despejado para cuando lleguen los volúmenes importantes. Pero este tipo de acciones hay que hacerlas con un calendario anual y una previsión de fruta a tres meses vista, no sirve de un viernes para el siguiente lunes, ese viernes en que se toman las decisiones no deja capacidad de reacción, lo único que se puede hacer es amputar y picar.

Habrá muchos que digan que esto es imposible, no es cierto, el problema es su impopularidad, y en este sector las OPPs (Organizaciones de Productores de Plátanos) están más pendientes en no perder un kilo que gestionar de forma correcta y eficiente. De facto, las OPPs han hecho dejación de una de sus funciones fundamentales, que es la de tutelar las líneas de trabajo de los agricultores en el campo, hay que decirles cómo, cuando y de qué manera han de tener sus fincas para que puedan ser rentables.

Otro de los problemas radica en que los productores que más chillan para que se unifique el sector, se haga una caja única y se comercialice a través de una solo entidad, son los que cuando se va a sus explotaciones a comunicarles en que fechas y condiciones se necesita la fruta, te contestan: “¿quién eres tú para decirme lo que hacer en mi finca?”, “a mi me salieron los dientes en los plátanos y conozco todo lo que hay que saber”.

Estos mismos que quieren mantener su reinado de taifas agrícola, son los que más pregonan la unidad del sector, cosa imposible si no se comienza por la base, que es el campo. Hasta que no seamos capaces de unificar una parte importante de la gestión de las fincas, será muy difícil evitar la catástrofe de las inutilizaciones y los años de precios pésimos (Quiero hacer un inciso para los mal pensados; estoy hablando de unificación de la gestión no de la propiedad).

Una vez implantadas estas tareas fundamentales, podremos plantearnos otras muchas acciones como la de un proyecto sostenible de exportación fuera de la península y, cuando digo sostenible, me refiero a aquel donde podamos plantear la colocación de ciertos volúmenes en algún mercado que nos permita, por lo menos, cubrir costes, no creo que tenga mucha vida una línea de trabajo consistente en vender fruta teniendo que poner dinero. Por supuesto, los clientes fuera de España están acostumbrados a cerrar volúmenes, fechas y referenciales de precio a un año vista o al menos con algunos meses anticipados.

Con lo que volvemos otra vez a lo mismo, si desconocemos cuándo tendremos los picos de producción, poco podremos hacer. Pretender no cogerle el teléfono a un cliente en seis meses y llamarle un viernes para que nos compre el lunes dos millones de kilos a un buen precio y, encima, querer que esos kilos sean de la categoría segunda, o algo peor que segunda, es mucho pedir.

Todo lo anterior no se me ha ocurrido a mí, ni lo he inventado yo, lo sabemos casi todos en el sector, pero, claro, a los que les toca vender la fruta les es más sencillo justificar su incapacidad o ineficiencia en la labor comercial con una inutilización indiscriminada y sistemática; cualquiera es capaz de mantener una línea de precios tirando plátanos.

Por otro lado, este tipo de medidas hay que implementarlas y ejecutarlas durante todo el año, y este sector solo se mueve cuando tenemos un periodo de precios malos, desde que estos se recuperan dos meses seguidos, se vuelve a la normalidad, todo está bien y nos olvidamos del problema. Parece que solo nos estimulamos cuando alguien grita, de estos que chillan la mitad no saben de lo que hablan o dicen disparates sin ser conscientes que aquí no se trata de tapar bocas, sino de la supervivencia de un subsector del que viven muchas familias.

Nuestra querida ASPROCAN, a través de su mal llamada Comisión de Comercialización, no será nunca capaz de tomar decisiones ágiles y eficientes que eviten las caídas de precios y la inutilización sistemática de plátanos, porque no tiene herramientas para ello, ya que los que han de dárselas son las propias OPPs
que componen la asociación y no tienen ganas ni intención de hacerlo.

Teniendo claro esto, solo hay una alternativa: dejar que los operadores trabajen con su propia idiosincrasia; que el mercado sea quien ponga a cada uno en su sitio y ASPROCAN se dedique a lo que sabe hacer: la publicidad y la representación del sector ante las administraciones. El que pretenda tutelar la comercialización tal como ahora, está abocado al fracaso. No lo digo yo, me remito a las pruebas.

Ignacio Sánchez Martínez
Licenciado en ADE

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