La gestión conjunta y el plátano ecológico

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº36. Ver revista completa

Muchos somos los que, desde hace años, venimos “clamando en el desierto” por establecer la gestión conjunta de la oferta platanera canaria. Pero esta demanda se ha venido estrellando contra el muro de la vieja (no antigua, vieja) e ineficiente superestructura del poder platanero establecido en las islas. Superestructura que, todavía, se sostiene sobre una serie de reinos de taifa, cuya estrategia es la competencia entre los propios plataneros canarios, a mayor y exclusivo beneficio de la banana americana (ya también de la africana) que continúa incrementando todos los años su cuota en el mercado peninsular, ante esa desaforada competencia intracanaria ¡Y sin necesidad de gastar un solo euro en publicidad!

A pesar de esta furibunda cerrazón a todo lo que suponga cooperar entre los propios cosecheros canarios, la necesidad de hacerlo era tan evidente que, en dos de los aspectos importantes pero más exteriores (es decir, alejados del núcleo duro del negocio platanero), se impuso esa “aberrante e innecesaria” gestión conjunta desde el mismo momento de su implantación. Se trata del seguro contra el viento, obligatorio para todos, cualquiera que sea su Cooperativa, SAT u OPP, con la inmensa ventaja del reparto estadístico que ello supone. Y también es el caso de la publicidad. Con importante impacto sobre el consumo peninsular “plátano de Canarias” “con las pintitas…”, aunque tenga muchos aspectos discutibles. Pero ¡hasta ahí se
ha llegado!

Hace muchos años que no se avanza en esa necesaria y trascendental estrategia. Ni siquiera en cuestiones tan evidentes como el transporte marítimo hasta los puertos de destino en la Península, o la compra de abonos y material para empaquetados. Ya no digamos de aspectos más centrales como la necesidad de planificar la producción a lo largo del año con sus correspondientes compensaciones (perfectamente posible dentro de ciertos límites). Nada de soñar con la introducción de categorías homogéneas que coincidan con las que luego se presentan a la venta al público. O plantear un convenio colectivo único en las islas. Y mucho menos establecer una horquilla de precios en verde cada semana ¡Hasta ahí podíamos llegar, querer poner los precios a mi fruta!

En este proceso de introducción de la nueva estrategia de gestión conjunta, hay una cuestión trascendental que creo debe estar muy presente. Tiene que hacerse a escala global del sector y como ámbito único e indispensable para transformar la estrategia de negocio. Tal como se establecieron en su día la publicidad y el seguro de viento. Y se ha de actuar así para impedir el desarrollo de los comportamientos oportunistas que, como enseña cualquier manual de economía, aparecerían con toda crudeza. La explicación es sencilla. La gestión conjunta establece la obligatoriedad, para todos, de determinados comportamientos previamente asumidos, con la finalidad de alcanzar la mejora general del conjunto de los protagonistas. Pero si no hay una absoluta garantía de que la totalidad va a cumplir (bien sea porque algunos no se incorporan a la gestión conjunta o porque los incorporados no respeten sus obligaciones), la desconfianza hace acto de presencia y arruina el invento. Por eso, la confianza mutua es la argamasa que va a galvanizar esa estrategia. Aquí y otra vez, Profesionalidad, Democracia y Transparencia. Para ello, toda la información que fuera mínimamente relevante tendría, en su día, que ser colgada de inmediato en la red.

Llegados a este punto, donde, por muchas que sean las ventajas objetivas para dar el salto, quienes ocupan los espacios ejecutivos no lo hacen, nos encontramos
ante un impasse, una especie de empate donde el tiempo parece ser que deja de contar y ese es el grave peligro de la actual situación. Porque dejar transcurrir las cosas como están va en contra de los intereses de todos los plataneros canarios. Y es que el cambio va a producirse (se está produciendo ya), corriendo el tremendo riesgo de no protagonizarlo en tiempo y forma y, al final, no lo podamos controlar, ni siquiera participar en su diseño futuro, transformándose en un vendaval sin posible contención.

Gestión conjunta del plátano ecológico.
Ante esta coyuntura (a la espera de una movilización sectorial que ponga las cosas en suerte de arreglo) y buscando una salida propicia para facilitar el inicio del proceso de transformación hacia la gestión conjunta, se podría plantear lo siguiente.

En la actualidad podemos decir que hay dos clases de plátano canario perfectamente diferenciadas porque se trata de dos productos distintos, el convencional
en sus variadas formas y el ecológico. Como si se tratara de un nuevo episodio cíclico.

Entonces ¿por qué no plantear la gestión conjunta de la oferta del ecológico? y aparcar por el momento la del convencional. Es decir, en vez de avanzar en toda la línea, hacerlo solo en una parte. Cualquier lector avezado se hará la siguiente pregunta ¿Tan diferente será como para eliminar todas las reticencias? Creo que sí.

1) La producción ecológica es la adecuada para el mundo de la sostenibilidad que estamos llamados a vivir. Se trata de la forma de cultivo del futuro. Es de interés general que nos incorporemos, en plena forma, a ese reclamo.

2) Por el momento, toda la superestructura del plátano convencional, la que viene impidiendo el cambio, no se vería afectada y deberían desaparecer sus prejuicios contra la gestión conjunta.

3) El plátano canario ecológico tiene mucho menos intereses enredados históricamente que el convencional, porque es relativamente nuevo en el tiempo.

4) Cuantitativamente, su importancia porcentual no es significativa, lo que facilitaría la gestión conjunta.

5) El manejo técnico de su proceso de producción es diferenciado y más complejo. Por lo que en la actualidad está insuficientemente atendido. Algo que es de interés solucionar, con la enorme trascendencia que esto tiene cara al futuro.

6) Hasta hoy, la experiencia nos dice, que este producto distinto que es el plátano ecológico, tiene una demanda limitada en la Península debido a su precio más elevado. Solo se puede vender en las zonas de alto nivel de renta.

7) Por eso hay que exportarlo a otros países de la UE, Suiza… Este hecho tiene enorme relevancia como ahora veremos.

8) Es relativamente sencillo. Todas las operaciones de la cadena de producción serían las mismas que en la actualidad hasta el momento de la llegada a muelle, aquí en Canarias (FOB). La única diferencia consistiría en que habría una caja, clasificación y marca únicas, en pallets diferenciados del convencional. A partir de ese momento ya aparecería en toda su integridad la gestión conjunta.

Se constituiría una Entidad específica para el manejo del negocio, independiente y coordinada con Asprocan. Con las características indicadas más arriba.

Lo primero que se haría, ya mismo, desde la toma de decisión y antes de comenzar a funcionar en la práctica, sería estudiar con la colaboración de las principales y más prestigiosas entidades del ramo, el mercado peninsular y europeo del plátano ecológico, sus características, evolución y perspectivas.

En cualquier caso, tendríamos que presentarnos en ese mercado específico con una marca única, clasificaciones homogéneas e idéntico precio por zona o país. Cubriendo las 52 semanas del año, con control garantizado de acuerdo con la normativa internacional (o nacional en caso de ser más exigente). La calidad que se ha de ofrecer es nuestra excelencia, de sobra demostrada. Esta es la clave de bóveda de la nueva estrategia de negocio.

Toda la información disponible nos dice que esta fórmula es, a día de hoy, la mejor para entrar en un mercado y quedarse. En el fondo, es la misma que la de las trasnacionales fruteras. Con la inmensa diferencia y ventaja de que, en nuestro caso, se trataría de una especie de cooperativa en la que todos los plataneros canarios de producción ecológica pudiéramos beneficiarnos de las posibilidades de esta nueva forma de gestión.

Enseñanzas para el plátano convencional.
A medida que el negocio del plátano ecológico de Canarias fuera consolidándose, los defensores a ultranza de los reinos de taifa y la competencia entre nosotros mismos, comprobarían con naturalidad los beneficios de la gestión conjunta, las economías de escala y la exigencia de excelencia.

Puestos a mirar más allá, de acuerdo con las tendencias bien documentadas de los mercados mundiales de fruta hacia la producción ecológica, este inicio parcial del plátano ecológico pudiera llegar a transformarse en la estrategia de funcionamiento de la totalidad de la producción platanera canaria, dejando ¡al fin! atrás la hoy vigente, que ha venido arrastrando al sector platanero isleño a la peligrosa situación actual.

Por último, se trata de una concepción del trabajo agrícola perfectamente adecuada a las explotaciones de carácter familiar. Con lo que se estimularía una importante ampliación de este tipo de explotaciones que algunos consideramos muy importante. Por supuesto, siempre que contaran con el apoyo técnico adecuado en la fase de producción y pudieran beneficiarse de un sistema de comercialización bien engrasado, profesionalizado y transparente.

Antonio González Vieitez
Economista

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