Fuera pesticidas de la agricultura y la alimentación, Stop glifosato

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº37. Ver revista completa

La mayor parte de la superficie agraria del planeta es rociada cada año con millones de toneladas de pesticidas sintéticos. A ello se suma su uso creciente en parques, jardines, campos de golf, cunetas de las carreteras y un largo etc.
Los pesticidas se emplean para combatir el exceso de hierbas y las plagas que atacan cultivos, abejas y ganado. A pesar de las promesas de las multinacionales agroquímicas, los pesticidas no sólo dañan a los organismos vivos “diana” sino que afectan a otros seres vivos, a veces de forma diferida, por su acumulación y persistencia en suelos, aguas, aire y en el propio organismo de su víctima, incluido el agricultor que los aplica y su familia.
Aunque los pesticidas se presentan como la solución para agricultores y ganaderos en apuros, forman más parte del problema que de la solución. La mal llamada “agricultura convencional” está atrapada en sus soluciones porque los químicos no resuelven los problemas que pretenden eliminar sino que los agudizan al aumentar la resistencia de las especies que combaten; diezman a los insectos beneficiosos para contener de forma natural dichas plagas y debilitan la capacidad del suelo para albergar vida y nutrir a la planta, fortaleciéndola a fin de que superen los ataques de enfermedades y plagas. Con un suelo contaminado y frágil, repleto de patógenos, se aplican cada vez más cantidades de pesticidas ante unas plantas y un ganado cada vez más necesitados de ayuda externa porque su sistema inmunológico es cada vez más débil. El resultado es un incremento de costes y unos ingresos cada vez más inciertos en un contexto de cambio climático que
incrementa los problemas.
La FAO, Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, propone reducir el uso de pesticidas y su empleo sólo como último recurso, cuando fallan los métodos biológicos y agronómicos. La agricultura integrada que, en sus propuestas, plantea reducir el empleo de agroquímicos priorizando la lucha biológica y la rotación de cultivos, se ha convertido en la coartada de las multinacionales agrofitosanitarias para ralentizar la retirada del mercado de productos cancerígenos. Sus intereses son lo primero. Sólo en España suponen un negocio
que asciende a 600 millones de euros.
España es el país europeo que más pesticidas emplea: 80.000 toneladas al año incluyendo sus coadyuvantes, algunos de ellos mucho más peligrosos que la sustancia activa. Se usan en agricultura, ganadería, superficies forestales, jardines, interiores de viviendas y oficinas, lindes de las carreteras y hasta en las cabezas de nuestros hijos. Este triste record explica que nuestras aguas superficiales y subterráneas, flora y fauna silvestre y alimentos, contengan una carga tóxica productora de cáncer, trastornos neurológicos, infertilidad, malformaciones, problemas
tiroideos e inmunitarios, etc.
Cada año en el mundo, los pesticidas matan 220.000 personas y 25 millones sufren algún tipo de envenenamiento. Además de las intoxicaciones agudas -subestimadas porque muchos trabajadores agrícolas no acuden a centros hospitalarios- las muertes se producen por exposición aguda a los pesticidas o por suicidio (1). También se extienden a quienes beben agua de los ríos o acuíferos a los que se ha extendido la contaminación o acumulan en el tejido adiposo de sus cuerpos los residuos de químicos que ingieren con los alimentos.
La FAO advierte de la necesidad de prestar atención a los “efectos sobre la salud a largo plazo, incluyendo los carcinogénicos y de alteración del sistema hormonal y los combinados por interacción de múltiples plaguicidas, especialmente en los grupos más vulnerables” (bebés, embarazadas, adolescentes y enfermos)”. La investigación en España asocia la exposición a pesticidas con: arritmias, dermatitis de contacto, diversos tipos de cáncer, trastornos neurológicos, infertilidad, malformaciones, daños cognitivos, problemas tiroideos e inmunitarios.
Una controversia fundamental de los pesticidas es su persistencia en el tiempo, su bioacumulación a lo largo de la cadena alimentaria depositándose en las grasas y su efecto cóctel que se multiplica al combinarse con otros. Los más peligrosos son los disruptores endocrinos (EDC) porque alteran el equilibrio del sistema hormonal, incluso a dosis muy bajas afectando especialmente en el embarazo, la niñez y la adolescencia, revelándose en la edad adulta y transmitiéndose a los descendientes.
La Unión Europea ha prohibido en el Reglamento 1107/2009 el uso de sustancias carcinógenas en humanos y animales (Categorías 1A y 1B) y con capacidad de alteración endocrina (EDC). La prohibición de EDC es inútil porque no especifica cómo medirlos. Se calcula que, de las 483 materias activas autorizadas como pesticidas, entre 53 y 162 son disruptores endocrinos.
Una fuente importante de contaminación por pesticidas -además de su contacto directo- es su presencia como residuos en la alimentación. Su presencia por encima de sus límites máximos está en casi el 5% de las muestras realizadas en la UE y el 24% de ellas contienen residuos de varios pesticidas a la vez. Pero los más peligrosos, los EDC, afectan a dosis por debajo del límite autorizado.
En España, los análisis en alimentos no miden todos los pesticidas ni lo hacen en la totalidad de los alimentos. No buscan glifosato -el más empleado y calificado por la OMS como posible cancerígeno (Categoría 1A) – ni registran por debajo de las dosis mínimas autorizadas. Aún así, aparecen 33 pesticidas disruptores endocrinos principalmente en frutas y verduras, pero también en alimentos procesados, de origen animal y miel. La lucha contra el cáncer en España pasa también por la aplicación del Principio de Precaución adoptando un verdadero Plan de reducción de pesticidas que asegure la mejor protección posible de nuestras aguas subterráneas y la reducción drástica de la contaminación en alimentos.
La Campaña europea STOP Glifosato (2) en la que participan un centenar de organizaciones europeas recoge un millón de firmas para: a) prohibir los herbicidas basados en el glifosato, ya que la exposición a esta sustancia se ha relacionado con el cáncer en humanos y con la degradación de ecosistemas; b) garantizar que la evaluación científica de los pesticidas sometidos a aprobación reglamentaria en la UE se base exclusivamente en estudios publicados y encargados por las autoridades públicas competentes, y no por la industria; c) establecer objetivos de reducción del empleo de pesticidas de carácter vinculante en toda la UE, con vistas a un futuro libre de estas sustancias. Hasta la fecha se han recogido 820.000 firmas (sólo 40.000 en España). El plazo acaba a finales de junio.
La agricultura ecológica, al no emplear pesticidas químicos, es la única que puede garantizar una alimentación no contaminada y el éxito de un plan de reducción de los contaminantes en aguas, suelos y vida silvestre.
(1) Es el principal método empleado por su facilidad de acceso.
(2) http://www.lagarbancitaecologica.org/campanas/paremos-el-glifosato

Pilar Galindo Martínez
La Garbancita Ecológica

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