Estado actual de la tunera en La Palma

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº38Ver revista completa

Hablar sobre la tunera, chumbera o nopal (Opuntia ficus indica) en Canarias es hablar sobre la economía de supervivencia. Nuestros ancestros consideraban la tunera como algo celestial: proporcionaba el tuno o higo pico que servía como el fruto por antonomasia en verano y, parte del otoño, según fuera su posición y altura. Una vez seco (tuno pasado o porreta, muy dificil de conseguir hoy en día, por cierto), era en algunos casos el que daba mayor vigor y energía al lugareño y junto con el higo pasado y la pasa se guardaba con el mayor cuidado y esmero en cajas, normalmente de tea, para su consumo en invierno y primavera. Sobre todo en épocas de persistentes sequías fue algo esencial. Era muchas veces uno de los pocos alimentos que se conservaba en muy buen estado hasta la llegada de la siguiente cosecha.

El lugareño estimaba el tuno, y tanto fue así que cuando se trajo la cochinilla (Dactilopius coccus) a Canarias en el primer tercio del siglo XIX, siempre se mostró reacio a su implantación en la penca; sabía bien que con ello se iba a eliminar en parte uno de los mayores productos de su sustento, pero no fue así. Hubo un control y un equilibrio en el ecosistema: el lugareño se preocupaba de que sus tuneras, que le iban a proporcionar el preciado fruto, no fueran invadidas por la grana y si lo hacía se cuidaba de limpiar las pencas.

Señalar que la grana fue el primer producto de exportación de Canarias en el siglo XIX y evitó que muchos isleños desistieran de emigrar a América. No voy a hablar de la importancia de la cochinilla porque ya se ha escrito sobremanera en muchos artículos, incluso algunos por el que hora lo hace. Solo dejar constancia aquí que siempre se relacionará la cochinilla en Canarias con el escritor -nacido en Los Llanos de Aridane, La Palma- Benigno Carballo Wangüemert, que dedica todo un capítulo de su obra “Las Afortunadas” a su estudio, publicada a principios de los años sesenta del siglo XIX, cuando la exportación de la grana estaba aún en su mayor auge.

Pero ahora viene lo peor. Ha brotado espontáneamente en La Palma un nuevo tipo de cochinilla que yo definiría como “mortífera, devastadora y exterminadora” que está acabando con todas las tuneras.

Tunera infectada en Todoque

No puedo informar de dónde procede ni cómo entó en la Isla, pero lo cierto es que produce verdadera pera ver la paisajística en algunos contornos. Afortunadamente no se ha extendido por algunas partes, por lo que conviene se extreme en estas zonas la mayor vigilancia.

Esta cochinilla no tiene nada que ver con la introducida en Canarias en el siglo XÏX, porque se hizo a propósito, la actual se nos ha impuesto, es asimismo de color blanco, pero más pequeña, y destructora al cien por cien. Muchos lugareños están absortos y atónitos de ver como dicho parásito se adhiere incluso a pencas picudas de jardinería a la que el “dactilopius coccus” era incapaza de acceder. ¿Qué podemos hacer?, ¿esperar a que todas las tuneras sean invadidas por el funesto y mortífero “coccus”?

Son muchas las plagas que se han introducido en los últimos años en Canarias, Creo que todos debemos concienciarnos e informar a las Autoridades ante la presencia de cualquier enfermedad vegetal nueva. Cuanto antes mejor, así erradicamos de raíz (nunca mejor empleada a la expresión) el brote infeccioso e impedimos que alcance proporciones como el que ahora tiene la susodicha cochinilla. En mi opinión creo que debiera haber en el Archipiélago una Delegación Insular o algo así que se encargara de la vigilancia de la más mínima presencia de una epidemia vegetal. Juzgo que con ello se ahorraría dinero, sufrimiento y lamento.

Tuneras gigantes en Todoque con lugareña (años de 1950)

Acabo de regresar de la italiana isla de Sicilia y me sorprendió sobremanera con cuanto espero se cuidan las tuneras en dicho lugar; ¡tamaña maravilla! En un artículo de Luigi Zangara en “Sicilia, historia y obras” (Sicilia, Storia e Capolavori) se nos informa sobre la tunera lo siguiente (doy sólo algunos extractos que considero importantes para el lector canario): “Amarillo, rojo, verde, violeta y blanco (el más dulce) es el tuno suculento y excelente… símbolo del paisaje siciliano e iconografía de la isla… señala los límites de los terrenos y ha sido el pan de los pobres – el maná bíblico- en la agrícultura de subsistencia, y asimismo planta medicinal… de esta planta no se tira nada, los frutos secados al sol son óptimos, sobre todo en invierno . En algunas partes de Sicilia se acostumbra empanar y freír las cáscaras de los frutos (los “nopalitos”) mientras que las pencas, ricas en vitamina C, se emplean como forraje para el ganado, o como ornamento, y sobre todo utilizadas en medicina, porque son laxativas; sirven como tónico cardiaco y son eficaces en el tratamiento contra la diabetes y problemas gástricos y para la desinfección de las heridas. Asimismo las flores del tuno, secadas al sol, sirven como diurético.

La cocina siciliana se jacta de las numerosas recetas con el uso del fruto: desde el jarabe a la mermelada y gelatina, a los bizcochos como los “mostaccioli” y la mostaza, que se exporta a los países del norte de Europa. Sobre las pencas vive un parásito, la “grana cochinilla”, que produce una preciosa tintura rojo carmín, componente básico en la cosmética para crear barras de labios. Antaño los parásitos para el pueblo mejicano constituían una gabela o tributo valioso para su rey Montezuma, que apreciaba en demasía las propiedades del mismo: la tintura era más potente que el kermes, hasta tal punto que, después de los metales era el bien más preciado y su uso daba a las decoraciones de cerámica, vajilla y tejidos un aspecto lúcido y vívido.

El gran siciliano Florio, productor de vino, fundó en 1856 una empresa en Catania para la producción de alcohol sacado de la penca del tuno, fueron los italianos los que llevaron esta técnica a sus colonias en el norte de África. Se cuenta en Sicilia que el tuno fue introducido aquí a las escondidas y por venganza por los franceses después de las Vísperas Sicilianas (matanza de galos en Sicilia en 1282, a favor de la Corona de Aragón), creyendo que el fruto era venenoso, pero la verdadera realidad es que el tuno procede de Méjico y fue traído por Cristóbal Colón en 1495 e introducido en Sicilia a principios del siglo XVI por los gobernantes españoles, junto al chocolate. En el Magreb se le considera el “fruto de los cristianos”.

Creo que Canarias, con un clima muy parecido al de Sicilia, debiera seguir el ejemplo de esta isla con relación a la tunera, explotarla y cuidarla con mayor esmero del que se hace y no dejarla a la voluntad de Dios. La verdad es que esta planta, tan importante antaño para la economía de las Islas, hoy se encuentra en el abandono e incuria más absolutos.

Para concluir diré que al tuno o higo chumbo se le llama en italiano “figo d’India”, (entiéndase “Las Indias”) denominación correcta, no como el francés que lo designa “figues de Barbarie” (higos de Berbería). Fueron los españoles los que introdujeron el higo chumbo, como en Sicilia, en África. Ruego se tomen las medidas más pertinentes para la erradicación de esta terrible plaga en la Isla. Conservemos el medioambiente.

Pedro N. Leal Cruz
Dr. en Filología Inglesa

 

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