El ganado asilvestrado y los espacios naturales protegidos de La Palma

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº35. Ver revista completa

En los últimos tiempos se ha discutido mucho sobre la presencia de ganado asilvestrado en los espacios naturales protegidos, su afección a la flora y vegetación nativa del archipiélago canario y la aplicación de determinadas medidas tomadas para su control. A pesar de cierta oposición social frente a ellas, la presencia de herbívoros asilvestrados en el medio natural de las islas, está regulada por la normativa legal vigente, tanto en materia de ganadería, como de protección de la naturaleza y de los espacios naturales protegidos. Las especies exóticas invasoras son la principal causa de pérdida de biodiversidad en islas, puesto que las especies insulares han evolucionado durante millones de años en ausencia de grandes depredadores (carnívoros y herbívoros), sin adquirir mecanismos de defensa contra ellos. En La Palma, cabras (Capra hircus) y ovejas (Ovis aries) fueron introducidas por los aborígenes como parte de su hacienda, ocupación y fuente de alimento. Posteriormente, a partir del siglo XV con los conquistadores, llegaron los conejos (Oryctolagus cuniculus) y, en los años 70 del siglo XX, entró el arruí (Ammotragus lervia) únicamente con fines cinegéticos. Más recientemente, se han detectado ejemplares asilvestrados de muflones (Ovies orientalis) introducidos también como piezas de caza. Por tanto, la afección de estos herbívoros a la flora autóctona insular lleva produciéndose desde hace 2500 a 3000 años, al igual que ha ocurrido en el resto del archipiélago canario. Estos impactos sobre la flora nativa han sido puestos de manifiesto en numerosos estudios científicos realizados en las islas, con casos tan significativos, para La Palma, como pueden ser la bencomia de cumbre (Bencomia exstipulata), el pico de fuego (Lotus pyranthus) o el pico cernícalo (L. eremiticus), especies endémicas catalogadas como en peligro de extinción.

El pastoreo ha constituido una necesidad fundamental para el desarrollo de la actividad ganadera tradicional de La Palma. Desde la época aborigen parece ser que ya se distinguían dos tipos de ganado caprino, uno doméstico y otro salvaje o “guanil”. No obstante, en Canarias, a partir de finales del siglo XV, los pastores tenían la obligación de permanecer junto al ganado y guardarlo cada noche permaneciendo con él, siendo sancionados si no cumplían con estas reglas. En ese periodo ya había un elevado control sobre el mismo, de manera que cuando faltaba algún animal, tenían que buscarlo o comunicar su ausencia. Posteriormente, y hasta las décadas de 1940 a 1960, debía ser pastoreado, siempre bajo el control del ganadero, el cual tendría que pagar las cabras que pudiese perder. Por ello, resulta muy difícil pensar que estuviese asilvestrado en el medio natural sin la supervisión de un pastor, solo por las penas o el coste económico que ello le supondría. Además, como actividad tradicional aborigen, parece ser que no se produciría su abandono puesto que podría haber conflictos con pastores de otros cantones por el pasto o para evitar su robo. Sin embargo, desde esa misma época, sí que existía la práctica habitual en la isla de envetar al ganado, algo muy diferente a dejarlo abandonado, sin control, tal y como se observa en la actualidad en algunos de sus espacios naturales protegidos.

A este respecto, existe una amplia normativa legal sobre las explotaciones ganaderas y la sanidad animal que regula el cuidado y atención a las especies pecuarias. En ella se establece como obligación de los propietarios tener debidamente identificados a sus animales y no abandonar a los que tengan bajo su responsabilidad. Por tanto, el ganado ha de estar controlado en todo momento por su propietario, convenientemente estabulado y marcado de manera que pueda identificarse fácilmente. Todo esto es importante para poder diferenciar el doméstico de los animales asilvestrados.

Además, está la normativa en materia de conservación de la naturaleza que, entre otras cosas, establece que “se prohibirá la introducción de especies o subespecies alóctonas cuando éstas sean susceptibles de competir con las especies silvestres autóctonas, alterar su pureza genética o los equilibrios ecológicos”. Por tanto, la liberación de cabras, ovejas y cualquier otro animal doméstico en el medio natural está prohibida

En La Palma, la gestión de la ganadería y de la presencia de herbívoros introducidos en los espacios naturales protegidos dependerá de lo establecido en sus instrumentos de planificación. Por un lado, en el régimen de usos y actividades de los Espacios Naturales Protegidos (EE.NN.PP.) de esta isla, se considera a la actividad ganadera, incluido el pastoreo, como prohibida en el Parque Nacional de La Caldera de Taburiente, en la Reserva Natural Integral del Pinar de Garafía y en las zonas de uso restringido de la Reserva Natural Especial de Guelguén, así como la de los Parques Naturales de Las Nieves y Cumbre Vieja. En los demás espacios protegidos, solo el pastoreo y el ganado estabulado se considerarían como usos autorizables o permitidos, dependiendo de las zonas donde se pretendan llevar a cabo. En ningún caso está permitido el asilvestrado o sin control.

Por otro lado, las Zonas Especiales de Conservación (ZEC), integrantes de la Red Natura 2000, se crean para contribuir a la protección de los hábitats naturales y de las especies que son considerados objeto de interés comunitario. En aquellas ZECs que coinciden con EE.NN.PP., sus Planes de Gestión están basados en los instrumentos de planificación de estos. En los que no concuerdan, el pastoreo está prohibido en la mayoría de los casos. Solo en aquellos en donde existe una zonificación, o áreas en las que se desarrollan actividades tradicionales, este uso está permitido o es autorizable, pero el ganado debe estar siempre bajo el control de su propietario o arrendatario.

Se entiende, por tanto, que no está permitido, bajo ningún concepto, la presencia de ganado asilvestrado en ninguno de los espacios protegidos de La Palma, ya sea perteneciente a la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos o a la Red Natura 2000.

Ejemplar de cabra (Capra hircus) en la Reserva Natural Especial de Guelguén La Palma

Por consiguiente, el ganado asilvestrado dentro de los espacios protegidos de la isla ha de ser eliminado para evitar afecciones tanto sobre la flora nativa como en el territorio. Científicamente, se ha demostrado que el abatimiento mediante armas de fuego es el método más utilizado y eficaz en la lucha contra estas especies en islas de todo el mundo. Además, en zonas en las que no se pueden capturar los animales vivos por el difícil acceso a riscos y acantilados, donde se pone en riesgo la vida de las personas que lo puedan realizar, no queda otra opción que abatirlos. Este hecho es el que ha supuesto un gran enfrentamiento social y el rechazo frontal de las protectoras de animales por considerar este método como cruento e innecesario. En algunos casos, incluso, han considerado que los derechos de estos animales asilvestrados están por encima de los derechos de la flora nativa a ser conservada.

Por ello, se considera que los pasos a dar para resolver este conflicto entre actividades tradicionales y la conservación de los espacios y especies protegidas pasaría por: 1) dar un plazo prudencial para que los propietarios estabulen el ganado que pudiesen tener en libertad dentro de los espacios protegidos, 2) llevar a cabo apañadas donde se pueda retirar el mayor número de animales sin causarles daño y 3) una vez retirados todos los posibles, abatir a los que quedasen en el medio mediante el uso de armas de fuego.

De esta manera, aplicando la normativa legal vigente y el sentido común, se resolvería el problema de conservación que suponen los herbívoros introducidos en el medio natural de nuestras islas y se minimizarían los posibles conflictos sociales que el uso de esas medidas pudiese ocasionar. Como siempre, buena parte de esta problemática se solucionaría con unas adecuadas campañas de divulgación, de educación ambiental y de concienciación ciudadana.

No obstante, para poder llevar a cabo un trabajo de conservación de esta índole, es necesario partir de una información básica de la que, hasta el momento, se carece en la isla de La Palma. En la actualidad, no se está desarrollando una política de gestión activa del territorio, ni de los espacios naturales protegidos, ni de las especies (nativas y exóticas, domésticas o silvestres) que permitan tomar las decisiones adecuadas para conservar nuestro medio ambiente. Por ejemplo, para llevar una adecuada gestión del territorio y de las afecciones que las especies introducidas están causando en él, es fundamental conocer algunos aspectos esenciales de su biología como son: su distribución y abundancia o las variaciones espaciales y temporales que en ellas se puedan producir. Así se podría dilucidar y establecer dónde y cuándo se producen sus mayores daños en el medio, también, decidir y priorizar dónde y cuándo actuar para minimizar o evitar su impacto.

Félix Manuel Medina
Biólogo

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