El campo, sin misterios. Las cabras se disparan, los pastores, a menos. Falta la vara que dé con la solución

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº32. Ver revista completa

En el medio rural, al decir popular, el campo, es cada vez más difícil encontrar la luz -salvo la del Sol o la Luna- que aclare su situación y, mucho menos, que encuentre las soluciones para los problemas que abruman el medio y sus habitantes. Mas, no todo es misterioso o triste, amigos. Existen sectores que, pese a mil tropezones -económicos, normativos, políticos, etc.- siguen superviviendo y, en el caso de la ganadería, con notoriedad, en las cabras.

Cuando leemos -y para estas líneas hemos encontrada una parva de material acumulado desde hace decenas de años- referencias de pastores y sus ganados, las cifras se ciñen a “cientos”. Hoy, se ha disparado, se pasa a “miles”.

Dejemos las estadísticas para los organismos oficiales, que para eso están, aunque no se desmadren tampoco en su confección y divulgación.

En los “pateos” para conectar con los pastores y sus ganados, las citas van de las “seiscientas y pico” a “dos mil y pico” o la que puede ser la mayor existencia de cabeza, “unas cuatro mil y pico”. El ganado caprino prospera. Rinde -aunque tampoco a tono con el trabajo o dedicación que requiere por la producción de leche, que se vende directamente, o se usa para elaborar los quesos que han logrado sobresalir en certámenes internacionales, prueba de su calidad y distintivas características.

El mundo pastoril a su vez cambia, se adapta a las circunstancias y medios fundamentales. Sustituye el ordeño a mano por las “ordeñadoras” en línea de veinte cabezas en adelante, lo que suaviza la tarea y, sobre todo, la higieniza.

El alimento traslada los “cultivos” a los muelles, donde llegan los granos, el pienso, la alfalfa, la paja, etc., que es a su vez, transportado en vehículos especiales a las ganaderías, mayormente, en contenedores y con uso de silos.

El pastoreo -salvo donde se conservan las tradicionales trashumancias también varía. Usa del “todo terreno” para acercarse a las zonas adecuadas y, entonces a pie, virar el ganado hacia donde convenga. Llega el caso, al menos en una ganadería “de miles y pico” que se usa la “moto” especial de montaña para controlar los animales.

El perro ya es un auxiliar con menos uso, así el célebre Majorero o “Bardino” adquiere mayor relevancia en su función de guardián y, como futuro, de búsqueda. Majorero o Garafiano pasan, eso sí, a distinguirse en exposiciones de belleza. Son perros propios de los que Canarias siempre ha presumido contando con razas como el Podenco canario o el Presa o Dogo canario.

En ese entorno peculiar destacan las figuras del Pastor o de la Pastora, sabido es, claro. Pero a menos. En Gran Canaria habían varios pastores artesanos que hacían las cencerras y las afinaban, apenas quedan tres o cuatro… Mantienen el conocimiento de elementos naturales, de la flora y sus usos, de las tradiciones para guiarse según se barrunta el tiempo y las historias que se repiten… hasta ahora.

Por qué los pastores y pastoras van a menos.

No solo disminuyen sino que cambian en su comportamiento. Los ganados están estabulados, en grandes espacios cerrados, pero ya no se ven como hace unas pocas décadas, por ejemplo, en Fuerteventura, pastores con sus rebaños y sus perros pastoreando por llanos y laderas usando la “lata” -el garrote- para saltar sobre los miles de kilómetros de paredes que cuartean toda la Isla. Su particular vegetación sin duda le daba, o le da, a la leche un tono especial. El botánico Günther Kunkel dedicó el número 8 de Naturalia Hispánica a “Las Plantas Vasculares de Fuerteventura, con Especial Interés de las Forrajeras”, Madrid,1977.

Es una cuestión técnica en la que habría que ahondar a efecto de que el ganado, debidamente controlado, salga al campo para aliviar una dieta “industrial” con la duda añadida de su tipo de cultivo en los lugares de producción.

Lo que sí queda claro es que esa intermediación es la que se lucra importando miles de toneladas de alimentos diversos, mientras en las Islas no se atiende esa demanda del abundante ganado caprino y ovino, al menos para cubrir un buen porcentaje rentable también para las Islas cultivando más millo, centeno, trigo, alfalfa y hasta nuevas especies cuyo resultado -lo hemos experimentado- es positivo, la maralfalfa.

A todo esto, sí, ¿qué es de los Pastores o Pastoras? Que cambian, hasta se traen del cercano continente, pero disminuyen. Y ahí está parte del “misterio”. Esto viene ocurriendo hace años. Sirvan como ejemplo estas breves citas:
· “La última pastora de Piletas, Agüimes”, Pino Lopea, La Provincia, 1980.
· “Solo quedan 180 pastores en Gran Canaria”. Caridad Rodríguez Pérez Galdós, La Provincia, 1984.
· “El último pastor de Camaretas”. Tito Peñate. La Provincia, 19-5-1991.
· “El último cabrero de Artenara”, Cándido Godoy García. La Provincia,12-4-1992.
· “El último cabrero de Santa Cruz”. Antonio Estévez Alarcón. Gaceta de Canarias, 8-2-1995.
· “Panchito Melián. El último pastor de la cumbre”. Canarias 7, 26-9-1999
· “El último…” seguirán las noticias en tal sentido.

Aunque es interesante ver como la profesión, mejor, la vocación laboral o tradicional, no se pierde. Surgen nuevos hábitos y nuevos pastores. Es dura la vida pero ya se sabe: lo que se hace, si gusta, pesa menos.

Es sencillo deducir que la cuestión estriba en fomentar esta dedicación. Que hay tajo. Son varios los casos conocidos que han dejado otras actividades laborales para dedicarse, o volver, al pastoreo. Durezas y sudores, pero también atractivos.

En enero del 94 se celebró un encuentro de Pastores en Osorio, Gran Canaria. Flora Lilia Barrera en “El Día”, 2-5-1993, habla de la “Fiesta de los pastores” y concreta «acordaron celebrar una festividad anual el 25 de abril…».

Sería un puntazo hacer un censo exhaustivo, o sea, que no quede fuera ningún Pastor o Pastora que lo sea: el celebrar encuentros por Islas y entre Islas -ahora que hay mayores facilidades para el traslado- y más acciones que redunden en bien del campo, de la ganadería, en este caso. Que igual produce pero no retiene todo el fruto de esa labor porque, en buena parte, se va por donde vino… los muelles.

Corral, majada, gambuesa…

Y miren hasta donde llegan los efectos de ese mundo, un tanto misterioso, que la historia reciente recoge que fue abatida a tiros una cabra que quedó entaliscada en un risco de La Gomera y se calificó de “un mal necesario”, primeros de mayo del 2008…

Y si en1994 se divulgó que el Consistorio majorero no quería ganado suelto, ahora se difunde que se es partidario de su reducción por el mismo sistema… Que en Europa, esa Comunidad que tanto sabe y no menos ignora de singularidades como las existentes en nuestras Islas no se aclaran sobre la conveniencia o no de disminuir el ganado guanil existente en varios puntos de Gran Canaria. Les digo…

Hace años estuvimos con unos expertos -cazadores, pastores, saltadores- en San Andrés, La Palma, tras un “chivo” blanco asalvajado usando solo lanzas, sogas y perro. Pastores pues, siguen habiendo. Y no hace falta salir fuera para contar con expertos en reducir a tiros o por métodos clásicos, la presencia de muflones, arruis o cabras asilvestradas, el ganado guanil.

Sin moralina, ya el lector ha caído en la cuenta de por donde van… los tiros.

Si no luchamos por lo nuestro, seguiremos dependiendo del exterior viniendo a la memoria el cerco sufrido durante la Gran Guerra. Y claro, se seguirá importando alimentos para el ganado cuyo rendimiento existe, y es hasta bueno, pero por tal sistema de intermediación no se disfrutan totalmente los beneficios que origina. Entra pienso, salen euros…

Es un misterio que relumbra dejando al descubierto el problema pero asimismo la solución y quienes son los responsables para, si no desaparecerla, al menos atenuar tal dependencia.

El campo, ese medio rural donde persiste la ganadería, requiere otro tratamiento para convertirse en un recurso decoroso y holgado de vida, aumentando a la par el número de Pastores y Pastoras que en las Islas Canarias aún viven.

Antonio Cardona Sosa

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