Deshijadores

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº39Ver revista completa

Los agricultores plataneros llevan años escuchándolo: un mal deshijador te arruina la finca. Sin entrar a debatir si la cita tantas veces repetida es o no exagerada, para los lectores curiosos no iniciados en nuestro cultivo sería oportuno explicar algunos conceptos. Cada año, una planta da una sola piña de plátanos. Una vez cortada, la mata que la emite muere y toma su relevo uno de sus hijos, en ocasiones dos y, en algún caso, hasta tres, si bien la platanera soporta mal las familias numerosas. Se diría que en pocas especies queda tan nítidamente reflejado “el ciclo de la vida”. Si tenemos en cuenta que la planta tiene capacidad para emitir hasta quince hijos (aunque raramente sucede), es tarea del deshijador seleccionar cuál o cuáles son los elegidos para dar la piña al siguiente año.

La labor del deshijador es, sin duda, la que tiene más incidencia en cómo y cuándo será la próxima cosecha y, por tanto, en los ingresos del productor. El maestro deshijador don Rufino Hernández me contaba, en una charla en su casa de Los Silos, “Usted escuche esto: la barreta, el cuchillo y la caña (la estaquilla) dan mucho dinero, eso sí, al que lo sepa hacer”

Muy consciente de lo vital de su labor, el deshijador ha gozado de cierto halo de admiración y respeto por parte del resto de los trabajadores de la finca. Se le trata como poseedor de un conocimiento casi mágico al que no todos pueden acceder.

A menudo se oye que no es lo mismo ser “deshijador” que quitar hijos, de la misma manera que no es igual conocer cómo se mueven las piezas del ajedrez que “saber jugar al ajedrez”, esto es, entender el juego. Para sacar hijos solo hace falta una barreta, y los fundamentos técnicos de la deshijada se pueden aprender en cursos que, acertadamente, se imparten en agencias de extensión agraria. Sin embargo, los buenos profesionales son muy escasos, entendiendo por tal a aquel que es capaz de llevar la finca al momento de corte deseado con la mayor uniformidad y de adaptarse a distintos estilos de selección de hijos en función de la zona.

Lograrlo es extremadamente complicado ya que estamos hablando de una planta en cuyo desarrollo influyen muchísimas variables como la temperatura y luz de la huerta, el tipo de suelo, el sistema de riego, la fertilización, el aporte de materia orgánica y otros factores que todavía no conocemos, como los mecanismos de interacción entre los microorganismos y el medio físico en el suelo. Para el experto costarricense Moisés Soto, “hay dos lugares de los que todavía conocemos muy poco, el cerebro humano y lo que sucede debajo de la tierra, alrededor de las raíces”.

Esta multitud de variables hacen que deshijar bien se convierta en una labor extremadamente difícil en la que dos más dos no siempre son cuatro. Para don Rufino, un deshijador necesita al menos tres años de formación práctica antes de dejarlo solo en una finca. Para muchos, estamos hablando más de un arte que de una técnica, y como en cualquier arte, no existe una única solución válida, ya que hay varios caminos para llegar al mismo punto. No hay dos deshijadores iguales. Probablemente estamos ante el gremio menos corporativo del mundo, raro es el deshijador que, cuando se le pide opinión del trabajo de otro, afirme que la tarea está bien hecha.

A veces al deshijador se le pide que haga milagros con lo que tiene en la finca, lo que viene a ser como solicitar a un cocinero que haga buena comida con mala materia prima. Ese deshijador exigente desearía que se le ponga estiércol a toda la finca anualmente y se riegue con agua mineral cristalina y pura en abundancia. Ya le gustaría al agricultor poder realizar semejante dispendio. La realidad es que se trabaja con recursos limitados.

Maneras de deshijar hay tantas como deshijadores, pero podría decirse que se repiten con frecuencia algunas situaciones. Están aquellos que entienden que deshijar bien es mantener una huerta sembrada en línea más derecha que la recta de Padrón. Los observadores y paseantes suelen decir “¡fíjate que bien deshijada, que se ve la pared del fondo!” Siendo aconsejable que se preserve el cantero bien distribuido, en mi opinión no puede sacrificarse la vitola (tamaño deseable de los hijos) por conservar obsesivamente la línea. Esto es, si un hijo es el adecuado por tamaño pero se precisa desviarse para dejarlo, ya habrá tiempo de volver el año que viene a la fila. Más importante y complicado, pero menos lucido a la vista del paseante, resulta mantener la huerta en tamaño uniforme para concentrar las labores, consiguiendo un notable ahorro de tiempo y trabajo.

El deshijador y los riegos por goteo se suelen llevar mal. Y así, hay algunos que no tienen por costumbre portar empates para arreglar los cortes de la barreta en las mangueras. Después de pasar los deshijadores por la finca, el encargado suele estar tres o cuatro días acordándose de los difuntos del de la barreta mientras arregla fugas.

Tener la hijería grande y adelantada suele valorarse positivamente. Sin embargo, a veces se va la mano y un porcentaje muy alto de racimos puede nacer en mayo, mes poco deseable porque esa fruta suele ser de pequeño tamaño y cortarse en verano. También para estas situaciones se ha creado una sentencia “para tener la finca adelantada ha de haber fruta en mayo”.

Con unas fincas en las que la tierra de cada cantero es de diferente textura, con zonas sombrías, ventosas, riegos a veces no uniformes y poca comida, la labor de estos profesionales es admirable. Sirva este artículo como pequeño reconocimiento a su trabajo.

G inés de Haro Brito
Ingeniero Agrónomo
haroinfante@hotmail.com

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