Control de picudo negro de la platanera con trampas de feromonas

Este artículo fue publicado en el Revista Palca nº32. Ver revista completa

El picudo negro de la platanera, Cosmopolites sordidus Germar, es reconocido como la plaga más grave de este cultivo en todo el mundo. Muchos investigadores han estudiado su biología y se han evaluado métodos para controlar los daños y las pérdidas que causa en distintos países. Su control químico plantea problemas e inconvenientes bien documentados (resistencias de los insectos, riesgos para la salud, medioambientales…). A nivel de Canarias, no conozco ningún estudio donde se valore la eficacia real de los tratamientos químicos en esta plaga. Incluso, el método del “pinchazo” con insecticidas no está respaldado por una cuantificación de su efectividad en la reducción en las poblaciones y su adopción y defensa se basa sobre todo en una apreciación subjetiva del agricultor.

En cuanto al uso de trampas de captura que utilizan feromonas de agregación de esta especie, que es el método más respetuoso con el medio y seguro para las personas, iniciamos un trabajo para mejorar su forma de uso en 2005 (dentro del proyecto INTERFRUTAII). En campos libres de plataneras el radio de eficacia alcanzaba los 10-12 m. Sin embargo, dentro de los cultivos de plátanos, los ejemplares liberados a más de 5 m de distancia prácticamente no eran capturados. En febrero de 2009, y financiado por ASPROCAN, se diseñó un sistema de trampeo para optimizar la eficacia de este método de control y se aplicó en la finca “La Calabacera”, en el sur de Tenerife, donde las trampas se dispusieron según este criterio, es decir separadas 10 m. Este estudio concluyó en febrero de 2010. Se realizó a lo largo de un año completo para considerar las variaciones estacionales de las poblaciones del insecto.

La finca era de 1 ha. y estaba dividida en 3 parcelas. La distribución de las trampas aseguraba que toda la superficie quedaba bajo la influencia de las mismas. Se colocaron a principios de febrero y el recuento de las capturas, el 18 de febrero, mostraba unas densidades de población alta distribuidas en focos (Fig.1). En algunas se llegaron a capturar más de 200 adultos. En cada recuento se limpiaban, y se observaba si había alguna incidencia que redujera su eficacia. Tanto las trampas como las feromonas de agregación usadas eran las disponibles en el mercado en aquel momento. Los conteos se realizaron periódicamente cada 14 días hasta el final del estudio.

En mayo, a los 3 meses de ensayo, se detectó una reducción muy importante en las capturas, que difícilmente podría ser explicada sólo por la
dinámica normal de la plaga. A finales de mayo se quitaron las dos filas de trampas situadas en el centro de cada parcela, excepto alguna de seguimiento, dejando solo las de los bordes. Según los datos obtenidos parecía que la población se mantenía baja, aunque se observaba un ligero incremento de la misma, que en este caso sí podría achacarse a la dinámica poblacional normal de estos insectos.

El recuento de octubre de 2009 mostró que se mantenía ese incremento de las capturas de picudo, llegándose a una media de 11,5 adultos/trampa. Ese aumento era mayor en las de seguimiento, situadas en el centro de las parcelas. Esto indicaba que las de la periferia no estaban indicando lo que realmente ocurría en la finca, por lo que el 29 de octubre se volvieron a colocarlas trampas centrales, (disposición inicial de febrero).

El muestreo del 12 de noviembre reflejaba claramente que se había producido un aumento importante de la población en las zonas centrales de las parcelas. Las trampas periféricas por si solas fueron incapaces de ejercer un control eficaz de la plaga, aunque en ellas, que estuvieron instaladas todo el tiempo, los niveles de picudo continuaban bajos. Sin embargo, las capturas en las trampas centrales recién puestas, fueron muy altas (80-90 adultos) frente a los 20-30 de las trampas de la periferia. Esto también confirma la idea de que un marco inadecuado de colocación deja espacios sin control, en los que la reproducción del picudo no se ve afectada y las poblaciones se elevan considerablemente en pocos meses. Asimismo, de estos datos se infiere que si bien es cierto que, en septiembre-octubre podríamos esperar un aumento en las poblaciones de picudo por su dinámica normal, la presencia de un control eficaz hace que ese incremento sea mucho menor que donde no se produce intervención alguna.

En los conteos de diciembre y enero (2010) se observó como la colocación de la red completa de trampas volvió a reducir eficazmente la población de picudos en la finca. En el muestreo del 18 de febrero de 2010, al año de ensayo. (Fig. 2) los niveles volvieron a ser muy bajos, similares a los obtenidos en mayo y junio del año anterior. A partir de esta fecha concluyó este estudio, pero el agricultor siguió aplicando este sistema y haciendo recuentos periódicos. Los resultados de septiembre de 2010, demuestran que el control continuó siendo eficaz y las poblaciones de adultos se mantuvieron a niveles muy bajos. Si comparamos la situación en febrero de 2009 (cuando se inició el estudio) y febrero de 2010, justo 1 año después, las diferencias son muy claras. Los muestreos posteriores, hasta septiembre del 2010, donde los valores medios por trampa no superaban los 4 individuos, ratifican la eficacia del método un año y medio después de comenzar su aplicación. Los valores de capturas observadas no pueden achacarse a un efecto de la variación natural en las poblaciones de la plaga.

El método de control basado en feromonas de agregación está orientado a los insectos adultos, en ningún caso incide en la fase larvaria del insecto. Por lo tanto, los capturados son los que están en el terreno en el momento de la colocación de la trampa, pero además a medida que emergen nuevos adultos de las larvas que se desarrollan en el interior de las plataneras estos serán atraídos y capturados igualmente. Este proceso es continuado en el tiempo mientras la trampa de feromonas funcione adecuadamente. Eliminar del terreno un porcentaje importante de la población de adultos lleva como consecuencia inmediata la reducción del número de hembras que pueden aparearse y poner huevos que den lugar a nuevas larvas. Esta es una diferencia importante con otros métodos de control, pongamos por caso, el famoso pinchazo. Si existe un gran número de larvas en el interior del cormo no podremos matarlas con la inyección de insecticida, legalmente, hasta que la platanera produzca la piña y ésta se corte, ya que la normativa sólo permite pinchar en los 15 días siguientes al corte. Pero en ese momento, en esa planta, se habrán producido ya 4-5 generaciones que han quedado fuera de control. Hemos visto claramente que bastan solo 2 o 3 meses sin actuación para que las poblaciones aumenten de forma importante. Por otro lado, el combinar el uso de trampas dispuestas cada 20 m con el pinchazo, tampoco parece que resulte muy eficaz. Quedaría una franja sin efecto de unos10 m donde el insecto se reproduce sin problemas (ya hemos visto como la inyección no es aplicable a los ejemplares que se encuentran en el interior de las cepas que no han parido) y como resultado tenemos siempre una densidad de población relativamente alta. Al final, por tanto,no se trata de erradicar la plaga, lo cual es casi imposible en cualquier caso, sino mantener unos niveles lo suficientemente bajos como para que los daños sean mínimos y tolerables por el agricultor. Y esto a la vista de los resultados obtenidos es posible hacerlo con trampas de feromonas.

A pesar de esta alta eficacia, es obvio que, como cualquier otro sistema de control, plantea una serie de cuestiones que deben ser resueltas paraque el agricultor pueda adoptarlo de forma generalizada. Los modelos de trampas y feromonas disponibles en el mercado tienen unas características que condicionan la forma en que pueden emplearse en un diseño de control eficaz. El uso de mano de obra para la instalación y mantenimiento de las mismas debe ser también un factor a valorar por el agricultor. Nuevos modelos de trampas, que eliminen la necesidad de enterrarlas, faciliten la limpieza y eviten algunos de los problemas que restan eficacia de los existentes en la actualidad, podrían reducir considerablemente el coste.

Raimundo Cabrera Pérez
Unidad de Fitopatología
Dpto. de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal
Universidad de La Laguna

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